
¡Hola de nuevo!
Como ya he hecho referencia otras veces en comentarios anteriores, en la época franquista o también denominada por otros, época dorada, el papel que representaba la mujer era de muy escaso valor, tanto que no tenia derecho al voto, a la palabra y en último término, a la identidad propia que cada ser humano ha de tener. El doctor Novoa Santos, proporcionó argumentos biológicos para dar fuerza a los argumentos de conveniencia política: a la mujer no la dominaban la reflexión y el espíritu crítico, se dejaba llevar siempre de la emoción, de todo aquello que hablaba a sus sentimientos; el histerismo no era una simple enfermedad, sino la propia estructura de la mujer.
Como ya he hecho referencia otras veces en comentarios anteriores, en la época franquista o también denominada por otros, época dorada, el papel que representaba la mujer era de muy escaso valor, tanto que no tenia derecho al voto, a la palabra y en último término, a la identidad propia que cada ser humano ha de tener. El doctor Novoa Santos, proporcionó argumentos biológicos para dar fuerza a los argumentos de conveniencia política: a la mujer no la dominaban la reflexión y el espíritu crítico, se dejaba llevar siempre de la emoción, de todo aquello que hablaba a sus sentimientos; el histerismo no era una simple enfermedad, sino la propia estructura de la mujer.
Cuando llegó al fin la II República, se redactó una Constitución, la de 1931, en donde se exponía lo siguiente: Art. 36. "Los ciudadanos de uno y de otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes".
En fin, un repaso de vez en cuando a la historia, no viene pero que nada mal.
Todo esto viene a colación de unos comentarios que mi "gran amiga" Sor Celia, vertió en la sala en la hora del desayuno. No seáis tan ingenuos de pensar que era un: "Buenos días, ¿qué tal estás?", no. Como de costumbre, y de una forma muy natural, empezó a hablarme sobre los valores que predominan o deberían predominar en cada familia, por supuesto, nada progresistas, valores transmitidos de madres a hijos. Hijos que acostumbran a tener todo hecho, la ropa bien lavada, planchada, hasta incluso, perfumada. Labores varias que cada uno de ellos esperará de la mujer que contraiga matrimonio con él. Pues esto es lo que la monjita espera (y que siga esperando) de cada una de nosotras. Según ella, la mujer ha de estar preparada para servirle al hombre de la mejor forma posible, como si de "borricos" y "mancos" estuviésemos tratando. Si no, ¿cómo vamos a esperar que éstos nos sean fieles y aguanten que nosotras tengamos nuestra propia independencia también? Hay cosas que no deberían de haber cambiado nunca, ¿verdad sor?
P.D. Con todos mis respetos, espero que la sor no sea un referente para ninguno/a de vosotros/as.
En fin, un repaso de vez en cuando a la historia, no viene pero que nada mal.
Todo esto viene a colación de unos comentarios que mi "gran amiga" Sor Celia, vertió en la sala en la hora del desayuno. No seáis tan ingenuos de pensar que era un: "Buenos días, ¿qué tal estás?", no. Como de costumbre, y de una forma muy natural, empezó a hablarme sobre los valores que predominan o deberían predominar en cada familia, por supuesto, nada progresistas, valores transmitidos de madres a hijos. Hijos que acostumbran a tener todo hecho, la ropa bien lavada, planchada, hasta incluso, perfumada. Labores varias que cada uno de ellos esperará de la mujer que contraiga matrimonio con él. Pues esto es lo que la monjita espera (y que siga esperando) de cada una de nosotras. Según ella, la mujer ha de estar preparada para servirle al hombre de la mejor forma posible, como si de "borricos" y "mancos" estuviésemos tratando. Si no, ¿cómo vamos a esperar que éstos nos sean fieles y aguanten que nosotras tengamos nuestra propia independencia también? Hay cosas que no deberían de haber cambiado nunca, ¿verdad sor?
P.D. Con todos mis respetos, espero que la sor no sea un referente para ninguno/a de vosotros/as.






