Dicen que para curar las penas no hay mejor remedio que el humor, siempre y cuando tengas a alguien al lado que te haga reír y no te deje peor de lo que estabas.
Pero, ¿funciona con todo el mundo? está claro que no.
En las noticias, vemos cada día que los conflictos y las muertes se suceden por doquier. Bien es el caso de Palestina. Te das cuenta de que mientras estás comiendo, al otro lado del planeta, a alguien, que bien podrías ser tú, le están cayendo bombas o están quebrantando su libertad y legitimidad.
Por otra parte, aparecen imágenes del Vaticano explicando que las acciones de unos y de otros son ilícitas y que debe establecerse una solución que erradique el problema. Pero, ¿qué solución? ¿Y qué gobernante, pueblo o nación cederá y dará el primer paso?
Entre los civiles afectados se incluye una enorme cantidad de niños, que han muerto, resultando heridos o huérfanos o que han perdido su hogar. El sufrimiento de la guerra ha sido permanente para muchos civiles de Israel y Palestina; aunque las condiciones de la población palestina han sido peores, especialmente para niños que ya padecen de severa desnutrición, deserción escolar, condiciones de pobreza y marginación, abusos físicos y sexuales, etcétera.
También hemos podido ver en los autobuses de Madrid y Barcelona el lema: "Probablemente Dios no exista", algo así como: no dediques tu vida a contemplar revelaciones divinas ni a ir tanto a misa los domingos para lavar tu imagen de la semana anterior y disfruta de la vida siempre y cuando no hieras a nadie.
Quizá algún día se pueda llegar a un término medio en donde la raza humana no se posicione ni a favor ni en contra de la divinidad, sino que obre en base a los derechos humanos y que sea tan justa a la hora de tratar al prójimo como lo es cuando comienza a bendecirle en el nombre del Padre.
Amén.
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