La semana pasada ocurrió un suceso un tanto extraño y a la vez muy divertido.
Eran las nueve de la noche y las chicas de la residencia y yo como de costumbre, bajamos a cenar al comedor. Como primer plato había sopa, es decir, agua con fideos, y ensalada con "marisco".
Bien, a eso que le llamaba nuestra cocinera "marisco" resultó ser unas gambitas peladas y congeladas, y ya tendría que ser mucha casualidad que te tocara una en el plato.
Justo antes de servir, oímos: "la que no pueda comer marisco, que pida como primer plato sopita", ¡increíble! pero cierto...
¡Arriba el marisco congelado!
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